Seguramente que una primera entrada a un blog debería de
entonar un mensaje más positivo y optimista pero, la verdad, viendo la realidad
no puedo más que mostrar mi máxima preocupación por la situación actual. Una
preocupación traducida en tanta indignación que llevo dentro y que trato de
controlar…
Anoche, el Athletic Club de Bilbao doblegó por segunda vez
al todopoderoso Manchester United pasando a la siguiente fase de la Europa League. Al igual que el
Athletic, también pasaron el Valencia F.C. y el Atlético de Madrid. Me alegro
por ello, y especialmente por el Athletic, porque lo hizo ante un equipo muy poderoso
y es bonito ver que a veces el pez chico consigue comerse al más grande, algo
que hace que la vida no sea a veces tan previsible y de esperanza a otros que
parten con inferioridad. Hasta ahí me parece perfecto, y vuelvo a decir que me
alegro por ese equipo y por sus aficionados. Lo que me ha hecho escribir esta
modesta entrada al blog, se produjo cuando en las noticias de la tele pude
observar como nos mostraban una afición jubilosa que tomaba las calles de
Bilbao. No me quiero imaginar cómo se desbordaría aquel lugar si ganasen la
final y se convirtieran en los campeones. Ya lo hemos visto con otros equipos,
incluso mucho más populares a nivel nacional como puede ser nuestra selección nacional,
el Real Madrid o el F.C. Barcelona…
Lo que de verdad me indigna de todo esto y lo que me parece realmente
increíble, no me acostumbro a ello, es ver cómo el fútbol moviliza a tantas
personas, muchas de ellas estoy seguro que tienen graves o preocupantes
situaciones laborales o familiares, que se apartan de sus problemas personales
por algo donde no se juegan nada directamente y luego no son capaces de
movilizarse por defender sus derechos básicos como ciudadanos. No puedo negar
que como personas necesitamos evadirnos a veces de nuestros problemas, que la
angustia permanente no es buena para nadie, pero después, en el día a día también
hay que luchar por defender nuestros derechos, no podemos callar y agachar la
cabeza ante tantos desmanes que existen a nuestro alrededor refugiándonos en fútbol,
en la bebida, en las novelas, en los programas del corazón o en el rezo
cotidiano. No, me niego a aceptar tal cosa porque considero que es hora de actuar
y luchar por una vida más digna, una dignidad que no nos la aporta por sí misma
los éxitos deportivos de nuestros deportistas.
Esta crítica no va no va hacia todo aficionado al deporte,
sino a aquellos que no tiene una visión crítica de lo que ocurre a nuestro
alrededor y simplemente se resignar a ver la vida venir. Hay muchos ámbitos
desde los que poder actuar, el no hacerlo, puede ser cobarde e insolidario, y
no se hace ningún favor a las generaciones futuras. Temas como la corrupción,
el enchufismo, los recortes laborales y sociales, la pobreza, los conflictos bélicos,
el deterioro medioambiental… son problemas acuciantes en nuestra sociedad y que
junto a la desinformación exigen una respuesta conjunta. No debemos tomarlos
como algo normal y cotidiano que ya se resolverá...

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